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Un estudio alerta del daño cerebral que produce
la contaminación en los niños
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Retraso
mental, dificultades de atención, autismo o incluso parálisis
cerebral son algunos de los efectos nocivos que puede producir la
contaminación industrial en los más pequeños. Así lo expone un
reciente estudio publicado por la revista médica ‘The Lancet’.
El hombre está desafiando a la naturaleza y ésta se defiende con
sus mejores armas. En las últimas décadas, ha tenido lugar en todo
el planeta una alarmante pérdida de diversidad biológica
acrecentada por la utilización, en ocasiones no racional, de los
recursos naturales por parte del ser humano. Y, por mucho poder
que tenga el hombre, lo más probable es que la batalla acabe
ganándola la naturaleza, que ya está dando grandes coletazos. Por
esta razón, numerosas instituciones se ponen en situación de
alerta para que los países reaccionen ante la actitud de pasividad
que caracteriza a la mayoría de ello s.
Información nueva llega cada día y datos cada vez más
desesperanzadores. La revista médica ‘The Lancet’ ha publicado
recientemente un estudio elaborado por los doctores Philip
Landrigan -de la Escuela de Medicina del Monte Sinaí en Nueva
York- y Philippe Granjean -del departamento de Medicina Ambiental
de la Universidad del sur de Dinamarca- con una conclusión
inquietante: la contaminación industrial causa trastornos en el
desarrollo cerebral de los niños.
Más de 200 productos químicos de uso cotidiano, aseguran
estos expertos, son nocivos para el cerebro humano llegando a producirse
efectos adversos de difícil retracción como son el retraso mental,
el autismo, la parálisis cerebral y ciertas dificultades de
atención, entre otras secuelas. Los científicos han confirmado que
estos productos pueden arruinar el cerebro de los animales y de
los humanos, en especial de los niños cuyo cerebro está en fase de
desarrollo. |
Además, el estudio no se refiere a sustancias desconocidas, sino a
productos utilizados a diario: el arsénico que se emplea para
tratar la madera; el plomo como componente de pinturas para
paredes y en gasolineras; el metilmercurio que está presente en
muchos pescados que consumimos con normalidad; los bifenilos
policlorinados, también llamados plaguicidas que pueden
presentarse en frutas y verduras; la acetona para limpiar la
pintura de uñas; la anilina, utilizada en pesticidas y colorantes;
o el estireno, empleado para hacer plásticos.
Los científicos afirman que esto es sólo “la punta del iceberg” de
centenares de productos tóxicos que causan problemas
neuroconductuales. “La mayoría de los productos químicos no están
regulados para proteger el cerebro en desarrollo”, ha explicado
Grandjean. “Sólo unas pocas sustancias como el plomo y el mercurio
se controlan con el propósito de proteger a los niños”, ha
añadido, pero los 200 productos químicos restantes, cuyo nivel de
toxicidad para el cerebro humano ha sido probado, “no están
regulados para prevenir su efecto adverso en el feto o en los
niños pequeños”.
CONTAMINACIÓN AMBIENTAL
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Los avances tecnológicos e industriales generados a partir de la
segunda mitad del siglo XIX han redundado en múltiples beneficios
para los seres humanos, tales como el surgimiento de modernos
métodos para el tratamiento de enfermedades, creación de
satisfactores que facilitan la realización de actividades
productivas y domésticas, redes de comunicación y transporte más
rápidas, así como ropa y alimentos más convenientes a las
necesidades personales.
Sin embargo, estos hechos han crecido junto con un fenómeno cuyo
impacto es evidentemente negativo para la subsistencia de la vida
en todo el planeta: la contaminación o deterioro del aire, agua y
suelo del ambiente debido a la presencia o aumento exagerado de
sustancias que perjudican la salud.
Vegetales, animales y seres humanos se encuentran adaptados a un
ecosistema (conjunto de seres vivos y medio físico que interactúan
en determinado espacio, como bosque, selva, desierto o ciudad) con
condiciones estables, de modo que la contaminación también puede
entenderse como el desequilibrio en las características de un
medio, lo cual impide el desarrollo de las facultades de los seres
vivos, poniendo en peligro su subsistencia y reproducción.
Aunque las definiciones anteriores no excluyen la posibilidad de
que la degradación ambiental sea ocasionada por factores naturales
(una erupción volcánica es el ejemplo más claro de ello), la
contaminación que nos ocupa como problema de salud es la producida
por el ser humano, ya que en la actualidad el volumen de desechos
y ruido generados por actividades productivas rebasa la capacidad
de autorregulación de los ecosistemas, además de que muchas
emisiones están constituidas por compuestos inorgánicos, es decir,
aquellos que no pueden degradarse o reintegrarse a través de la
acción de bacterias u hongos microscópicos.
Según informes de la Organización de las Naciones Unidas, la
presencia de elementos tóxicos en ríos y atmósfera provoca un
promedio de 12 mil muertes por año sólo en América Latina, a la
vez que interfiere en la salud de incalculable número de personas,
muchas de ellas niños que se encuentran aún en formación física y
mental.
Encontrar una solución no es tarea fácil debido al
incremento demográfico y al vertiginoso desarrollo
tecnológico, además de que no es posible responsabilizar
del problema a un solo sector, pues tanto industrias
como hogares y automóviles participan en la generación
de contaminantes. Sin embargo, un primer paso consiste
en difundir información sobre el funcionamiento de los
ecosistemas y de la relación que éstos tienen con el ser
humano y su salud, ya que sólo así es posible comprender que el saneamiento ambiental
debe ser una responsabilidad compartida por todos. |
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Contaminación
atmosférica o del aire
Es provocada por compuestos tóxicos como plomo, cobre, zinc y
óxidos de carbono, azufre y nitrógeno que son arrojados como
consecuencia de actividades humanas e incendios forestales,
principalmente. Las fuentes que emiten tóxicos al aire pueden ser
fijas o móviles; las primeras, como calentadores, estufas, quema
clandestina de basura, industrias y centrales de producción de
energía son responsables del 20% al 30% de la contaminación, en
tanto que las segundas, como automóviles, transporte público,
camiones y aeronaves ocasionan el mayor volumen de gases dañinos
(70% a 80%).
En el corto plazo, el cuerpo humano sometido a tales contaminantes
manifiesta estragos a través de enfermedades en piel, ojos y
sistema respiratorio, entre ellas:
•Conjuntivitis. Es la inflamación del tejido que cubre la parte
blanca del ojo y el interior de los párpados (conjuntiva).
Ocasiona lagrimeo y enrojecimiento del globo ocular,
principalmente.
•Dermatitis. Hinchazón cutánea causada por el contacto directo con
una sustancia irritante; la piel enrojece y se experimenta
incomodidad persistente.
•Salpullido. Granitos o ronchas en la piel que ocasionan comezón y
ardor, además de que duelen e incluso llegan a producir
adormecimiento.
•Envejecimiento de la piel. La presencia de contaminantes, junto
con la acción del Sol, lluvia y viento genera arrugas y manchas,
acelerando el envejecimiento de la epidermis.
•Resfriado y gripe. Infecciones de nariz y garganta que ocasionan
estornudos, dolor de cabeza, elevación de la temperatura corporal
(fiebre) y cansancio.
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•Bronquitis.
Inflamación de los bronquios o estructuras internas de los
pulmones; se manifiesta con tos leve, dolor de garganta y exceso
de mucosidades o flemas.
•Faringitis y laringitis. Inflamación e infección de la parte
superior (faringe) e inferior (laringe) de la garganta. Ocasiona
ronquera o pérdida de voz (afonía), fiebre, dificultad para
tragar, dolor y tos.
•Sinusitis. Infección ocasionada por la obstrucción de uno o más
senos paranasales (pequeñas cavidades o túneles situados al lado
de la nariz que ayudan a filtrar, calentar y humedecer el aire que
respiramos; también dan la resonancia a la voz y aligeran el peso
del cráneo), aunque igualmente puede ser una complicación derivada
de alguna infección en vías respiratorias.
•Otitis. Inflamación de los oídos que puede ocurrir cuando
infecciones en nariz y garganta se desplazan a los canales
auditivos.
•Neumonía o pulmonía. Infección grave de los pulmones que en
muchas ocasiones se debe a complicaciones en el tratamiento de
padecimientos menos severos, como bronquitis o gripe.
•Tos ferina o pertusis. infección de los pulmones ocasionada por
la bacteria Bordetella pertussis que ocasiona flujo nasal, fiebre,
ataques de tos muy severa, dificultad para respirar y, cuando
genera complicaciones, diarrea e incapacidad de tomar aire
(asfixia).
•Cáncer pulmonar. Se manifiesta mediante la presencia de un tumor
maligno en tejido pulmonar; se debe a consumo directo o indirecto
(fumadores pasivos) de tabaco, así como a inhalación de humo
producido por combustibles.
En los últimos años se ha registrado un aumento en la incidencia
de alergias (reacción exagerada del sistema de defensas ante un
alergeno o elemento que el organismo considera dañino, como polvo,
polen o pelo de animales) en vías respiratorias, tales como
rinitis (comezón en nariz, paladar, garganta y ojos, estornudos,
escurrimiento nasal, dolor de cabeza, tos, fiebre) y asma
(inflamación de los bronquios que impide adecuada respiración; se
manifiesta con tos y en ocasiones genera asfixia). Este hecho se
debe, de acuerdo a los expertos, a una combinación de factores
hereditarios y contaminación; concretamente, estudios estadísticos
muestran una relación directa entre el aumento de dióxido de
sulfuro ambiental y la presencia de estas enfermedades en el árbol
bronquial.
El smog, llamado también niebla tóxica, es la forma de
contaminación atmosférica más conocida; se produce cuando
compuestos químicos que emiten las chimeneas de las fábricas y los
automóviles se combinan con la humedad del aire. Este tipo de
vapor queda como niebla flotando en el ambiente y sólo desciende a
través de la lluvia; no obstante, este hecho y la combinación de
gases con las nubes da lugar a la lluvia ácida, que envenena a los
lagos y animales que viven en ellos, a la vez que daña a las
plantas, afecta al suelo y perjudica la salud del ser humano.
El plomo es el componente más peligroso del smog para el cerebro,
ya que se acumula paulatinamente haciendo que la persona se vuelva
menos reflexiva, alterando también su capacidad de concentración y
provocando conductas agresivas. Estudios realizados con niños que
registran altos niveles de este metal en la sangre (problema
conocido como saturnismo) demuestran que su rendimiento escolar es
más bajo debido a un coeficiente intelectual menor y dificultad
para aprender.
El smog también genera problemas en el sistema circulatorio. Un
estudio realizado en Inglaterra estimó que 1 de cada 50 pacientes
con problemas cardiacos tratados en hospitales de Londres pudo
haber sido afectado por gases tóxicos. Los investigadores
aseguraron que muchas muertes pudieron evitarse mediante un mejor
control de los contaminantes, en particular de los gases generados
por los vehículos.
Finalmente, cabe mencionar que el exceso de dióxido de carbono,
contaminante resultado de quemar carbón, madera y derivados del
petróleo, es responsable del "efecto invernadero", fenómeno que
eleva la temperatura del planeta debido a que este gas permite el
ingreso de energía luminosa y calorífica procedente del Sol, pero
no su disipación por la noche, lo que ha generado graves
alteraciones climáticas con consecuencias aún por cuantificar
tanto en los ecosistemas como en la salud de los seres humanos.
Contaminación
del agua
Mares, ríos y otras fuentes que abastecen el vital líquido a las
poblaciones humanas también se han visto invadidas por elementos
nocivos provenientes de drenajes y desechos de la misma localidad
afectada y regiones próximas.
Entre los principales contaminantes del agua tenemos:
•Desechos domésticos, excremento animal y residuos alimenticios.
•Plaguicidas, plásticos, detergentes, residuos industriales y
aceites.
•Ácidos, sales y metales tóxicos.
•Cenizas, arenas, gravillas y otros sólidos provenientes de la
erosión de los suelos.
•Residuos radioactivos provenientes de plantas nucleoeléctricas y
tratamientos médicos.
•Bacterias, virus, hongos y parásitos intestinales.
•Lirios, algas y otros vegetales que impiden la circulación y
oxigenación de lagos y ríos.
A nivel mundial, se estima que 80% de las enfermedades infecciosas
y parasitarias del sistema digestivo, así como una tercera parte
de las muertes causadas por éstas, se deben al uso y consumo de
agua contaminada con microbios o bacterias. La falta de higiene y
la carencia o mal funcionamiento de servicios sanitarios son
algunas de las razones por las que la diarrea y enfermedades
estomacales son todavía importante problema de salud en países
latinoamericanos, como México.
Asimismo, cabe mencionar que la contaminación en mares y lagos
afecta a la fauna que entra en contacto con ella y, por tanto,
cuando estas especies son consumidas por el hombre le causan
alguna enfermedad. Entre los padecimientos más comunes asociados a
este problema se pueden mencionar deshidratación, gastritis,
colitis, cólera (ocasionada por la bacteria Vibrio cholerae) y
salmonelosis (se debe al microorganismo salmonella).
Un elemento más en el agua que no requiere ser ingerido para
causar daño es el cloro, muy común en las albercas, y que si entra
en contacto por periodos de tiempo prolongados puede irritar piel
y ojos, es decir, causar resequedad, comezón, dermatitis y
conjuntivitis.
Contaminación del suelo
La eliminación de residuos sólidos, conocidos comúnmente como
basura (restos de comida, materia fecal, envases de plástico,
vidrio, metales, papel, agentes químicos y escombros), es hoy
grave problema ecológico que alcanza cifras altamente peligrosas
para el ambiente y seres vivos que lo habitan.
La manera más común de eliminar este tipo de desechos, casi todos
de procedencia urbana, es enterrándolos en regiones apartadas,
pero con ello lo que se ha logrado es el desarrollo de
microorganismos que alteran el equilibrio del medio y seres vivos
que lo habitan. Asimismo, estos agentes infecciosos y sustancias
tóxicas pueden expandirse a través del aire o de corrientes de
agua subterráneas, extendiendo así la contaminación y sus efectos
adversos a otras zonas.
Otro tanto hay que decir sobre las prácticas intensivas de la
agricultura y ganadería, las cuales son otro motivo de
contaminación del suelo debido al uso indiscriminado de
pesticidas, insecticidas y fertilizantes que se acumulan con el
tiempo. No es extraño que las sustancias dañinas se introduzcan en
el cuerpo de vegetales y animales a través de la alimentación,
como tampoco que, a su vez, estos productos que forman parte de la
dieta del ser humano provoquen enfermedades.
Padecimientos del sistema respiratorio, intoxicaciones, tumores y
problemas en la piel e intestinales son los trastornos más
frecuentes provocados por el contacto y consumo indirecto de
contaminantes del suelo; por si fuera poco, se sabe que quienes
ingieren alimentos obtenidos en o cerca de terrenos con altos
índices de sustancias dañinas sufren desnutrición debido a la baja
calidad de los mismos.
Contaminación acústica
Se debe al ruido generado por motores, herramientas, música y
electrodomésticos; afecta a quienes realizan actividades
industriales o frecuentan calles muy transitadas, pero también se
presenta en lugares que en otros tiempos fueron más silenciosos,
como restaurantes, gimnasios, vehículos y hogares.
La intensidad de los distintos ruidos se mide en decibeles (dB), y
se sabe que el oído humano puede percibir adecuadamente sonidos de
hasta 120 dB; sin embargo, las emisiones prolongadas que
sobrepasan los 85dB son capaces de generar alteraciones
psicológicas y daños físicos en el oído, que además de ser el
órgano de la audición interviene directamente en el equilibrio.
Los niveles de ruido en una ciudad varían de un lugar a otro, pero
en gran número de sitios rebasan los límites aceptables. Así,
mientras que la estancia en una biblioteca registra el aceptable
nivel de 40 dB, una conversación en voz alta llega a 70 dB, el
tráfico en una calle rebasa sin problemas 85 dB y el despegue de
un avión o el volumen de un centro nocturno alcanza 120 dB.
Las fuentes de contaminación sónica son muy diversas:
•Vehículos automotores y mal uso de claxon o bocina.
•Ruidos generados por gritos de vendedores ambulantes, reparación
de pavimento, sirenas de ambulancias y patrullas o construcción de
casas y edificios.
•Aeropuertos e industrias.
•Equipos electrónicos en los hogares, fábricas, talleres y lugares
de entretenimiento.
La contaminación acústica puede ocasionar daños en la percepción
auditiva, tales como notar sonidos (acúfenos) o zumbidos (tinnitus)
sin que exista una fuente que los genere, así como disminución en
la capacidad de oír (hipoacusia) e incluso sordera. Sin embargo,
sus efectos también son notorios en otros aspectos de la vida:
Sistema cardiovascular. Son comunes las alteraciones del ritmo
cardíaco e hipertensión arterial, las cuales junto con mal manejo
de estrés aumentan el riesgo de padecer un infarto.
Glándulas. Se ha observado que demasiado ruido crea alteraciones
en la hipófisis (localizada en la cabeza y responsable de
coordinar importante número de funciones del organismo,
principalmente crecimiento y reproducción) y aumento en la
secreción de adrenalina (hormona que propicia estado de alarma y
rápida reacción del organismo ante alguna amenaza).
Aparato digestivo. La dificultad para descansar y altos niveles de
estrés que acompañan a la contaminación sonora incrementan la
posibilidad de sufrir trastornos como digestión difícil por lenta
circulación en los intestinos (colitis nerviosa) e inflamación
estomacal (gastritis).
Equilibrio. Los daños en el oído afectan este sentido, por lo que
exposición prolongada a sonidos estridentes ocasiona confusión e
incluso náuseas y vómito.
Salud mental. El ruido favorece el aumento de alteraciones
psicológicas y del dormir, como actitudes agresivas, dificultad
para concentrarse e insomnio (pérdida del sueño), lo cual facilita
accidentes.
Contaminación domiciliaria
La vida dentro de casa no está exenta de la acción de
contaminantes, tales como solventes, insecticidas, aerosoles,
calentador, estufa, humo de cigarro, agua y alimentos con altos
índices de bacterias y ruido generado por electrodomésticos, por
lo que, como puede apreciarse, hablamos de los mismos problemas
antes citados, sólo que a niveles más reducidos, pero también de
acción más directa en los individuos.
En 1990 un estudio de la Agencia de Protección Ambiental de
Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) concluyó que la
contaminación en interiores es uno de los problemas ambientales
más importantes y exige mayor atención, ante todo porque la
población en general no está conciente de su presencia y
peligrosidad. Así, muchas personas consumen tabaco o emplean
insecticida y limpiadores en exceso sin darse cuenta de que con
ello afectan directamente su salud y la de quienes les rodean,
quizá hasta en mayor medida que hechos tan notables como un
derrame de petróleo o un incendio forestal.
Asimismo, gran cantidad de los ruidos generados en casa por
electrodomésticos (licuadora, extractor de jugos, aspiradora) y
aparatos de sonido impiden el descanso de oídos. Además, el
televisor en la recámara para "conciliar" el sueño sólo consigue
alterar la tranquilidad del durmiente, distrayéndolo e impidiendo
su relajación; las consecuencias se dan en el mediano y largo
plazos, y se traducen en intranquilidad, mal humor, agotamiento,
somnolencia diurna y falta de concentración.
Durante la temporada invernal es muy común que la familia y en
especial los niños permanezcan más tiempo en recintos cerrados;
sin embargo, la estancia en el hogar no es del todo saludable, ya
que el uso frecuente de sistemas de calefacción y estufa sin
ventilación adecuada, además del ya mencionado y nocivo consumo de
tabaco (90% de los niños que mueren por problemas pulmonares son
hijos de padres fumadores), genera una serie de elementos tóxicos
que favorecen el surgimiento de enfermedades en vías
respiratorias.
Otro tanto hay que decir de los edificios y centros de trabajo en
donde la ventilación es deficiente y los cambios de temperatura
ocasionados por aire acondicionado o calefacción son muy bruscos.
Humo de tabaco, sustancias provenientes de materiales sintéticos
empleados en acabados y remodelaciones, así como bacterias y
hongos que habitan en rincones empeoran el cuadro y ocasionan
padecimientos diversos.
La Organización Mundial de la Salud estima que 30% de las oficinas
de todo el mundo tienen problemas significativos en la calidad de
su ambiente, y que entre el 10% y 30% de sus ocupantes lo
resienten. Por ello, actualmente se habla del síndrome del
edificio enfermo para designar a este problema de contaminación
que genera baja en la productividad de los trabajadores y
ausentismo laboral debido a dolor de cabeza, nauseas, mareos,
resfriados persistentes e irritación en vías respiratorias, piel y
ojos.
Prevención
Los estragos ocasionados por la contaminación pueden disminuir a
través de diversas medidas encaminadas tanto a evitar enfermedades
como a mejorar la calidad ambiental, las cuales, sin exagerar,
requieren de la colaboración de la sociedad humana en su
integridad. Y es que, como se puede apreciar, todos somos en mayor
o menor medida responsables y víctimas de este problema.
Entre los puntos más importantes para prevenir enfermedades
encontramos:
•Seguir una dieta balanceada, ante todo rica en frutas, verduras y
cereales, ya que estos productos contienen vitaminas y sustancias
que refuerzan al sistema inmunológico (aquel que previene
enfermedades) a la vez que ayudan a eliminar sustancias tóxicas,
tal es el caso de las vitaminas C y E.
•Observar adecuada higiene corporal para mantener la piel libre de
sustancias contaminantes y acterias. Ante todo, procurar lavarse
las manos antes y después de ir al baño y previo a la
preparacioacute;n de alimentos.
•Completar el cuadro de vacunación para que el organismo cuente
con defensas que le ayuden a enfrentar infecciones.
•Evitar salir a la calle cuando los índices de partículas
suspendidas rebasen los niveles recomendables para la salud. En
México existe la escala Imeca (índice metropolitano de calidad de
aire), que va de 0 a 500 puntos. Cuando la calificación va de 0 a
100, se habla de calidad de aire satisfactoria para realizar todo
tipo de actividades; de 101 a 200 es no satisfactoria y las
personas sensibles comienzan a registrar molestias; de 201 a 300
es mala, de modo que los daños son mayores y se aconseja que
quienes tienen padecimientos respiratorios no practiquen
ejercicio, y de 301 a 500 es muy mala y la población en general
debe abstenerse de realizar actividades en las calles.
•Evitar zonas en donde haya fumadores o en las que se concentran
otras sustancias tóxicas e irritantes, como polvo, pintura,
gasolina y aerosoles.
•Alimentarse con productos elaborados higiénicamente y cuya
procedencia sea confiable.
•Utilizar siempre agua "segura" para la higiene personal, la
limpieza y cocción de los alimentos y el lavado de la vajilla,
utensilios de cocina y ropa.
•Desinfectar o hervir de 1 a 3 minutos el agua de consumo humano,
así como agitarla antes de beberla y guardarla en recipientes
desinfectados y con cierre hermético.
•Reducir el volumen del televisor, equipo estereofónico o
reproductor de sonido portátil o del automóvil, sobre todo cuando
se utilicen audífonos.
•Acudir a restaurantes y centros de reunión con bajas emisiones de
ruido, preferentemente a aquellos con acabados que absorban los
sonidos (alfombras, decoraciones con telas y cortinas) y donde no
se tenga música de fondo a muy alto volumen.
•Utilizar tapones para los oídos al efectuar trabajos con
herramientas demasiado ruidosas.
•Mantener adecuada ventilación en centros de trabajo, escuelas y
hogar, y atender a la brevedad cualquier problema en el sistema de
aire acondicionado o calefacción.
Por otro lado, para colaborar en la conservación del ambiente
puede emprender algunas de las siguientes actividades:

•Dé adecuado mantenimiento a instalaciones de gas, calentador y
estufa; evite los sistemas que funcionan con petróleo o carbón, ya
que son más contaminantes.
•Revise periódicamente el buen funcionamiento de su automóvil y
evite su uso en distancias cortas. Repare a la brevedad problemas
en el funcionamiento del motor que generen combustión deficiente o
ruido excesivo.
•Disminuya o erradique el consumo de tabaco, sobre todo en lugares
cerrados, en vehículos o cerca de los niños.
•Elimine desechos sólidos a través de sistemas de limpia
establecidos; no tire basura en calles, suelo, campo, bosques,
ríos, lagos o mar, mucho menos la queme.
•Reduzca el uso de detergentes, productos de limpieza para el
hogar y solventes que se desechan por la cañería.
•Detecte, junto con su familia, aquellas fuentes de ruido en el
hogar y coloque silenciadores a los electrodomésticos mediante
hule espuma. Mantenga apagados todos los aparatos que no utilice.
•Cuide árboles y zonas verdes, pues ayudan a reducir niveles de
algunos contaminantes del aire, como bióxido de carbono.
•Reporte en su trabajo o escuela cualquier deficiencia en la
ventilación y calefacción.
Ante todo, entérese y difunda información veraz sobre los efectos
de la contaminación y sus fuentes, así como de la importancia de
emprender medidas colectivas para mejorar las condiciones de
nuestro medio. Finalmente, recuerde que la atención de todo
padecimiento que se presente de manera repetida debido a problemas
ambientales debe consultarla con un médico internista.
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